El viernes por la mañana ya estábamos allí, y mochila al hombro nos fuimos caminando todo el día, todo el valle, para llegar a la base del monte Lyell. El valle ya merece la pena, es precioso.
Al fondo se ve nuestro objetivo, el pico blanco más alto :D
El día siguiente el plan era subir al monte y luego bajarnos haciendo un recorrido distinto. La aproximación del segundo día fue toda sobre nieve. A partir de los 11000 pies no había ni una sola calva. Nos subimos temprano para tener la nieve dura que es más fácil caminar (con crampones, por supuesto).
Aquí tirando de piolet para subir la pared de nieve como si fuese una escalera.
Resumen: el monte tiene 13000 pies (4000 m) y yo (María) no me sentí con fuerzas de subir y sólo llegamos a 12750 pies. Nos quedamos a 250 pies de la cumbre (menos de 100 metros). Suponemos que sufrí un poco de mal de altura. Ya venía algo cansada, pero al llegar al punto en el que dimos vuelta me sentía bastante mareada y a partir de ahí teníamos que hacer una trepada en roca, así que pensándolo un momento (trepada, roca, mareo...) decidimos que lo mejor era darse la vuelta.
Ninguno de los dos habíamos llegado tan alto en ninguna de nuestras anteriores excursiones, así que estamos bastante contentos. Una pena no hacer cumbre, pero el monte estará ahí esperándonos la próxima vez que lo intentemos.